Espíritu — Capítulo 1
Es aquí donde llegamos al punto de inicio, donde comienza todo; donde somos semejantes a Dios (véase “Bosón de Higgs” en internet). La palabra espiritualidad proviene del latín spiritus, que literalmente significa “aliento”; es decir, vida. Por esto, cuando nacemos, damos nuestro primer respiro y, cuando morimos, nuestro último aliento.
Es difícil vernos como una chispa solamente ya que, desde tiempos inmemoriales, las religiones se encargaron de presentarnos como una creación a semejanza del Homo sapiens (hombre). Y así surge el famoso “viejo barbudo” flotando en el Universo para mostrar la creación de Adán, porque así lo dibujó Miguel Ángel, el famoso pintor y escultor italiano en los años 1500.
La chispa y el “Yo Soy”
Pero antes, me gustaría comentar cómo lo veo yo. Esa chispa es lo que proporciona vida al universo. Es ÉL; de ahí surge el YO SOY, una sentencia poderosa: Lo que llamamos Dios, o Luz, o Energía Universal. Nosotros somos parte de esa chispa. Si todos fuimos creados de la misma manera, esto nos une como familia, o como seres similares, o como algo; pero nos une por procedencia.
Le llamamos espíritu a aquello que es inmaterial; solamente una chispa de un tamaño que no podemos imaginar, lo más ínfimo que existe, pero que aun así contiene Vida. Pura Energía; o sea, vibración, electricidad. A eso, comúnmente, se le llama fotón: un átomo de luz.
El alma y el propósito de vida
Ahora bien, hagámoslo simple. Para esto, le llamamos alma, refiriéndonos a que esa energía es el espíritu de un ser humano. Esa alma, para experimentar cosas y emociones, se apoya en un cuerpo; así podrá modular físicamente los sentidos: ver, oír, tocar, oler, saborear, etc. Por otro lado, están las leyes del Universo, que se viven a través de emociones.
Concluyendo: tenemos un alma (nosotros) viviendo en un cuerpo y elaborando decisiones usando una mente (circuitos eléctricos) para lograr nuestro propósito: el de compartir. Y este es el propósito de vida.
Pero un “compartimiento” sincero, sin interés o sin esperar algo a cambio. Aunque sabemos —cuando logramos entender más profundo las leyes— que nuestra recompensa viene sin pedirla: es llegar de regreso a la integración con la Luz o Dios.
Espiritualidad vs. Religión
En esta sección hablaremos de espiritualidad, y esto no es una religión; podemos optar por seguir cualquiera que nos guste o nos enseñaron, no interfiere. Eso es libre albedrío: el poder decidir por cuenta propia. De otra manera, seríamos títeres del Universo, entonces, ¿para qué aprender qué?
Las religiones son fabricadas por los hombres —tristemente decir— para tener control comunitario, social y semiobligatorio a las costumbres de cada una de ellas. Si esto fuera así, regido por Dios o el Universo, no habría un libro sagrado que especifique una religión en particular, excepto por los 10 mandamientos donde, para mí en particular, con dos me basta:
Ama a Dios sobre todas las cosas.
Ama a tu prójimo como a ti mismo.
Con estos, ¿por qué yo desearía robar, o no honrar a los padres, o mismo desear la mujer de otro? Son las respuestas que más comúnmente obtengo cuando le pregunto a alguien si sabe los 10 mandamientos.
Con esto no pretendo criticar u opinar sobre ninguna religión; cada cual que esté donde mejor se siente y le haga feliz. La idea de este contexto no es religiosa, sino espiritual: quién soy, de dónde salen las ideas, los pensamientos, esa fuerza que me dirige y determina quién soy. En fin, la llamada alma. Nuestra finalidad, creo, es llegar a recobrar esa conexión: vibrar y unirme a Dios, a esa energía Universal, a la llamada Luz.
El Karma y la responsabilidad
Te has preguntado alguna vez: ¿cuál es mi propósito en la vida?, ¿para qué estoy aquí? Cada cual es responsable por sus actos y las consecuencias de ellos. A esta época en tu vida, imagino que ya te habrás dado cuenta de que a una acción hay una reacción de igual o mayor tamaño. A eso, en el Universo, se le llama Karma, y no es un castigo: es consecuencia y respuesta a una acción tomada anteriormente.
Pero como el tiempo (tema complicado para discusión) es uno solo —el antes, ahora y después existen al mismo tiempo a la vez—, el karma viene sabe Dios cuándo; puede ser en poco tiempo o en lo que, para nosotros, son varios años (te dije que era complicado).
Resumen para una salud integral
En resumen, ¿qué debo hacer ahora para mantener una salud integral? Parte de esto es un comportamiento social de acuerdo a las leyes universales y, recordando, esto sería:
Amar a Dios sobre todas las cosas.
Amar a tu prójimo como a ti mismo.
¡Y esto es lo que pienso!